un satélite espacial

04 Jun 2019

Diana camina por una ciudad distópica de peli de los 80 para llegar a la galería NN donde se inauguraron tres muestras en simultáneo. Allí se detuvo en La noche artificial, una muestra de trabajos de Alfredo Azcona curada por Inés Eliçabe. Con su mirada afectiva nos cuenta sobre la muestra y las fundamentaciones y elecciones temáticas del artista.

Jueves por la noche, saliendo del trabajo y caminando por las estridentes calles del centro de la ciudad de La Plata, decidí cambiar mi rumbo para ir a ver una muestra diferente. Ese 27 de abril descubrí la Galería NN camuflada en una cuadra de impresionantes negocios, ansiosos caminantes, vehículos a mil por hora, luces de infinitos colores, efectos y profunda contaminación auditiva. El refugio elegido para los trabajos de Alfredo Azcona y su “Noche artificial”, un ámbito de arte no convencional, que propone un tiempo para la reflexión.

Emergiendo como una burbuja dentro del temblor urbano, sus obras generan una relación dialéctica con su entorno. Al caos, al tumulto, a las diversas expresiones callejeras, a la referencialidad material, a la humedad química y al smog del contexto se contraponen: la atmósfera glacial, las abstractas formas de los objetos, la árida luz blanca, la ausencia cromática, el ambiente aséptico y un inquietante silencio.

Como un satélite desprendido en el espacio transcurre esta noche sintética viajando en un no lugar, en el vacío, en el abismo. Sus obras son reflejo de lo desconocido, lo misterioso e incomprensible en la dimensión humana, sin embargo generan una profunda atracción, semejante a la ambigua idea de Dios reflejada en el insondable monolito del film de Kubrick, Odisea en el espacio –uno de los favoritos del artista– en el que subyace el imaginario de un todopoderoso como ser asexuado, sin historia ni identidad, pero a la vez genera temor y respeto, ya que nos controla desde la virtualidad.

Al regreso, mientras atravesaba el angosto pasillo, especie de cordón umbilical intrauterino, puente entre aquellas dos dimensiones antagónicas, comencé a rememorar sus anécdotas, la fundamentación de sus interpretaciones, los proyectos materializados y aquellos que quedaron suspendidos.

Sus discursos plásticos han ido variando, pero siempre desde un planteo existencial plasmando problemáticas contemporáneas, como el perverso juego de simulacros virtuales que fagocita al individuo –reflejado tanto en las incalculables vidas privadas que se muestran en facebook como en los seres anónimos que manifiestan sus discursos políticos y religiosos por twitter creyendo tener el poder de decidir–. Otra de sus motivaciones artísticas se relaciona con pensamientos que viajan vertiginosamente por fibras ópticas y a la teoría de los dobles, signos de una realidad paralela vinculada a los multiversos (múltiples universos existentes). En sus trabajos, incorpora conceptos científicos e interpretaciones de cuestionamientos cósmicos que afectan al hombre, como la teoría propuesta por Peter Higgs en 1964 para explicar el origen de la masa a partir de una partícula elemental o de las moléculas de la consciencia que atraviesan la muerte. Concepciones que conviven e interactúan en su extensa producción artística.

Hombre de mirada incisiva, mordaz, apocalíptica, su mensaje desvela destellos del pasado pero a la vez provoca rupturas con el academicismo tradicional. Ha podido manifestarse a través de diversos códigos y canales. El carácter enérgico, su espíritu crítico y transgresor constituye su impronta, rasgos que lo convierten en artista referente y comprometido con su turbado contexto.

 

Diana Tinant: soy escultora, historiadora del arte y estudiante de filosofía, pero me cuesta definirme por títulos. Me interesa la reflexión acerca de la condición humana y el juicio crítico acerca del sistema que nos domina. Creo que es importante tender puentes con aquellas personas que sienten de la misma forma.