sin mercado en un mercado

17 Abr 2019

El 15 de marzo Mantera Galería participó de la mesa “MIDA: Proximidades y apartamientos en relación con el supuesto del «mercado inexistente del arte»”, en el marco de la programación del Auditorio de la III Microferia de arte Rosario. boba se enamoró del proyecto: un hermoso experimento en el que confluyen trabajo, horizontalidad, desprejuicio, contradicciones y amor al arte, ubicado en La Banda, Santiago del Estero. Acá, el texto de su presentación.

¿Por dónde circula el arte? ¿Cuáles son las voces que legitiman la pertenencia o no al campo de lo estético? ¿Desde dónde nos enunciamos les artistes que queremos crear un arte contrahegemónico? Y en este sentido, ¿cuáles son las nuevas relaciones del arte con el mercado? Muchas de estas preguntas nos hicimos quienes llevamos adelante este proyecto.

Mantera Galería está pensada como un espacio de arte contemporáneo, disidente, casi de supervivencia, tejido con los hilos antagónicos que nos construyen. Esto último, expresado en el lugar (físico y metafórico) donde se ubica la galería.

¿En el mapa? La feria boliviana, situada en el predio del ferrocarril Mitre que une a Tucumán con Buenos Aires, pasando por Rosario: el tren Estrella del Norte, en La Banda, Santiago del Estero. La característica de la ciudad es la de ser urbana y rural a la vez. Esto habla de los cruces dicotómicos entre las aportaciones “modernas” en convivencia con el campesinado, que es el 70% de la población local. Nombramos al campesinado, nombramos sus formas, sus gestos, sus modos, lo nombramos como contorno, como límite, pero también como centralidad en la composición del territorio. En estos bordes se cose la feria boliviana, conformada por vendedores ambulantes que, en su mayoría, se establecieron luego de tomar el predio a principios del 2000.

Poner en diálogo la Saladita, un espacio feriante (sinónimo de trabajo precarizado, circulando en los márgenes de la legalidad, abasteciendo y despachando en negro y sin boleta), con una galería de arte provoca la reflexión sobre las prácticas de supervivencia inherentes a lo social, económico y cultural. La búsqueda de comercialización del objeto artístico en este territorio ya de por sí periférico nos cuestiona, nos interpela constantemente acerca de la relación (y la ecuación) dinero/arte.

La feria, sostenida mayormente por mujeres, es una pequeña geografía feminista. Se motiva y alimenta por los cuerpos, la confianza, las libertades y la empatía entre ellas. Los elementos que tomamos y comenzamos a trabajar desde la galería pertenecen a estos vínculos entre espacios y personas. Entendido como un lugar en el que confluyen diferentes fuerzas, miradas y sentidos, se despliega como un espacio contenedor de realidades complejas y cambiantes, de encuentro, de convivencia de saberes, donde son bienvenidas las contradicciones y las incertidumbres. Finalmente, se planta como un espacio para habitar posibilidades donde el ser y el hacer con les otres sean recíprocos.

La empresa de pensar en dónde está el dinero nos llevó a ese espacio. Primero a préstamo, y luego haciéndonos parte de esa ranchada y sus elementos:

EL ALTAR POPULAR, LO ABIGARRADO, LO DISCONTINUO, LA YUXTAPOSICIÓN, lo elemental, la sobrevivencia, la cumbia y el amor, el techo de chapa y el piso alisado. Gracias a la ranchada y ser practicantes de la misma, pudimos señalar la doble idea de las dicotomías y las jerarquizaciones en la que se apoya un mercado del arte, al que no conocemos. ¿Acaso es posible pensarnos por fuera de esas totalidades? Es pensar al sur sin el norte, a la mujer sin el hombre, al esclavo sin el amo, como dice Boaventura de Sousa Santos.

Hay realidades que están fuera de esas relaciones. Mujeres que se dicen desde una emancipada vinculación con el hombre, un sur que no depende de la relación con el norte, un esclavo que se enuncia sin la opresión del amo. Metonimia, si la hay, cuando se hace extensiva a pensar una galería que no dependa de la relación con un mercado. Una no relación. La marca de una ausencia. Un silencio. Desde allí, nuestro decir artístico. 

En el lugar de donde provenimos hay una histórica y sistemática producción de ausencias y de realidades negadas de existencia. Mantera, desde un pequeño stand en una feria boliviana, pretende dar cuenta de ello. Así que ¡ahí vamos! Ficcionando un circuito comercial del arte, construyendo sentidos para darle sentido a nuestras prácticas y, por sobre todas las cosas, ¡divirtiéndonos!