que no se borre esa memoria bordada

03 Oct 2015

Archivo Broderie en el espacio cultural El hormiguero (35 n° 1158 entre 18 y 19, La Plata). Sábado 26 de septiembre

Llegué antes al Hormiguero, sugestivo y coincidente nombre.

Nilda Rosemberg, una muchacha joven de sonrisa generosa, me recibió radiante. Vuelco las palabras con que comienza su blog:

“Hace aproximadamente dos años, en el marco de la residencia La Cantera, coordinada por Diana Aisenberg, trabajé en un proyecto visitando patios de dos vecinas de Sierras Bayas.

Tal vez casualidad, prefiero pensar en sincronía, Tota y Rosita, además de mostrarme sus flores y canteros, abrieron baúles y cajones para compartir conmigo bordados realizados por sus madres y también por ellas mismas.

De esta complicidad feliz y laboriosa, nace Archivo Broderie.

Este proyecto comenzó en Mi Micromuseo, en C.A.B.A, continuó en Casa Escópica, Bahía Blanca, paseó por El Pasaje en Tucumán, llegó a El Querido en Mar del Plata y ya casi desembarca en Limbo arte contemporáneo, en Corrientes.

Su espíritu indica que seguirá viajero, nutriéndose de las cualidades de cada lugar en el que se detenga a crecer.”

Nilda Rosemberg 

Comencé a recorrer a su lado, en una pared los antiquísimos retazos, verdaderas obras de arte, cada uno con su historia, tal vez nunca contadas. Una mesa con cajas derramando retazos, telas finísimas, tules, labores que se practicaban en tantos colegios, en las clases de manualidades. Enseñando puntos, colocar un botón, cómo sulfilar (zurcir)… palabras que no uso desde hace cincuenta o más años.

En otra pared, fichas colocadas una al lado de otra, con foto de los autores o dueños de un bordado y un relato de cómo lo habían hecho o quién, historias mínimas y tan fuertes.  Cientos… flores en un mantel individual y su servilleta en composé; bordados en exóticas piezas únicas, en trajes carnavalescos, jugando con espejos, perlas, piedras… Tapices preciosos que hablaban por sí solos de lo meticuloso y amoroso de su trabajo.

Dos mesas en el centro, con revistas antiguas, casi vacías, y sillas a su alrededor esperándonos.

Luego conocí a Anahí, artista textil. Organizadora de este Festival de Experiencias textiles.

Su convocatoria comenzó el año pasado, en la CABA.

“Este es el segundo”, contó. “Comenzó este año en El Hilo Rojo, Vicente López, y cierra acá en La Plata”. Conversábamos y comenzaron a entrar abuelas, jóvenes y niñas con bolsas y cajas. Al abrirlas mostraban sus tesoros en la gran mesa que esperaba casi vacía, era para ellas.

Una paleta de colores inmensa dibujaban los hilos de seda, algodón, lanas de diversos grosores, encajes, perlas, en vestido de novia, cubrecamas bordado en cintas.

Violeta Parra y sus arpilleras bordadas revivieron en las manos de Leonor junto a lo inspirado en una imagen de un pintor europeo.

Lucrecia con su muñeca hecha por la abuela. Alejandra con un pañuelo bordado por su madre. “Muñeca Gaucha”, hecha por su dueña, réplica de cuando ella tenía diez. Con un poncho en el que bordó: “La ternura empieza a derretir mi corazón”.

Rosana, una jovencita, llegó con una Enciclopedia: “Ouvrages de dames”, de Therese de Dillmont, centenaria colección de DMC, comprada entre libros que estaban en una vereda, con todas las variedades de encajes, bordas, puntillas, inimaginables…

Y antes de irme, Inés Castelli desplegó sus retazos, con bordados sublimes, como su significado en un intercambio con una amiga brasilera.

Todo es ínfimo contar, este proyecto de mujeres que no desean se borre esa memoria bordada.

Todo hecho a pulmón, por iniciativa propia, gratuita. Legados que ellas fijaron como meta: proteger.

No hay palabras para la emoción y el calor que emana de estas amantes de “Archivo Broderí”. Amor al arte por artistas textiles exquisitas que van recorriendo nuestro país, recopilando telas, tejidos, hilados, labores manuales, de hombres y mujeres dedicadas a bordar la vida. Un trabajo de Hormigas veramente…

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Cruz del Carmen
Nació en Comodoro Rivadavia. A los cuatro años partió al noroeste de Salta, siguiendo la ruta del petróleo. Escribe desde los tres años, pero sus primeros pasos como escritora comenzaron hace diez en un taller en La Plata con Gabriela Pesclevi. Y decide no hablar sobre su carrera universitaria porque nada tiene que ver con la escritura.