Polonia, paraíso cristalino

27 Jun 2020

Polonia reabrió sus fronteras hace un par de semanas y este domingo 28 de junio llevará adelante las elecciones presidenciales. Como en la novela “Nosotros”, lxs ciudadanxs vivieron la censura y la represión estatal mientras el gobierno utilizaba la pandemia de Covid-19 para asegurar la reelección. Desde la ciudad de Poznań, Katarzyna reseña las acciones culturales en el marco de la cuarentena polaca con el deseo de liberarse del paraíso cristalino que amenaza con perpetuarse en su país.

Mientras en la mayoría de los países las librerías advierten, desde la aparición del virus de SARS-CoV-2, el aumento de la popularidad de libros como La Peste de Albert Camus (1947), El amor en los tiempos del cólera de Gabriel García Márquez (1985) o, quizás, La muerte en Venecia de Thomas Mann (1912), lxs lectores polacxs identifican su situación con la de lxs protagonistas de 1984 de George Orwell (1949), Un mundo feliz de Aldous Huxley (1932) o, mejor, con el modelo literario de ambas novelas: Nosotros, del escritor ruso Yevgueni Zamiatin. Escrita en 1921 pero censurada en la Rusia soviética y editada solo en 1924 en Nueva York, Nosotros (Мы [My]), traducido también como Nous autres (Nosotros otros) (París, 1927), es una novela distópica que critica tanto la realidad de la Rusia post-revolucionaria como, sobre todo, la visión idealista de una vida feliz en un sistema comunista desarrollada por la propaganda. 

Un hombre llamado D-503 vive en un “paraíso cristalino”: una sociedad del futuro cuya vida es totalmente racionalizada y controlada por el poder. Los edificios con las paredes transparentes garantizan la “perfección”, entendida como la subordinación de cada aspecto de la existencia al gran plan del Estado Único. A partir del anuncio oficial de la pandemia y la cuarentena en el estado polaco el 20 de marzo de 2020, el tema principal de los medios masivos no fue la salud pública, la reorganización de los hospitales o la economía, sino las elecciones presidenciales y la defensa de la libertad de lxs ciudadanxs polacxs. 

El tema de la pandemia fue banalizado por el poder para imponer la organización de las elecciones, programadas primero para el 10 de mayo y luego para el 28 de junio. La primera fecha fue defendida por el gobierno para garantizar el éxito electoral del presidente actual, Andrzej Duda, del partido Derecho y Justicia (PiS), de tendencia ultraconservadora y nacionalista. Como lxs ciudadanxs de la novela de Yevgueni Zamiatin, lxs polacxs fueron bombardeadxs con mensajes oficiales contradictorios. El gobierno pidió vivir y actuar en el espacio público de una manera lo más transparente posible. La vida debe seguir el ideal de la de lxs protagonistas de Nosotros –una vida solitaria, transparente, planificada, en monoambientes con vidrios traslúcidos donde nada pueda esconderse–. 

En Polonia, como en otras partes del mundo, se dispuso que hay que estar en casa, aumentar el distanciamiento social y protegerse en los espacios públicos. Al mismo tiempo, sin embargo, los medios oficialistas reforzaron el mensaje electoral por fuera del aislamiento social, de manera tan insistente como en el paraíso cristalino. La votación masiva, según el gobierno, no tendrá consecuencias para la salud. Inicialmente se barajó la posibilidad de hacer una votación parcial por correo postal y por internet, luego una exclusivamente por correo postal, para finalmente volver a la votación presencial.

La vida feliz de D-503 está estrictamente regulada en todos sus aspectos. Las relaciones sexuales están controladas por el Departamento de Cuestiones Sexuales –una institución modelo para el gobierno polaco que, durante el auge de la pandemia, organizó en el Parlamento el debate por la prohibición total del aborto, incluso en casos de violación, peligro de muerte de la mujer o del feto o enfermedades terminales–. El parlamento también votó la prohibición de la educación sexual –una materia que desde hace un tiempo no está más en las escuelas– y la pena de cinco años de cárcel para todxs lxs que intenten organizar cualquier forma de debate con jóvenes acerca de cuestiones ligadas con el género, la sexualidad y las múltiples identidades LGBTI+. 

Como en el Estado Único, toda manifestación de pensamiento o iniciativa independiente en el arte y la cultura es abruptamente regulada por el Estado polaco. En la clasificación mundial de la libertad de prensa, Polonia ha caído de la posición 18 en 2016 a la 62 en 2020. Hace pocos días la dirección de una radio pública censuró una canción que encabezaba la lista de hits: Twój ból jest lepszy niż mój  (Tu dolor es mejor que el mío) del artista polaco Kazik Staszewski, que cuestionaba la visita ilegal de Jaroslaw Kaczynski, líder del PiS, a un cementerio para conmemorar el décimo aniversario de la muerte de su hermano gemelo. El hecho tuvo lugar en un momento en el que las visitas a cementerios estaban suspendidas, e incluso los funerales se limitaban a muy pocas personas. El gobierno habló con el lenguaje de Zamiatin. Uno de los políticos confirmó que la canción fue censurada por su “nieprawomyślność”, que se puede traducir como “deslealtad” y, más literalmente, como la falta de razonamiento “correcto” o de pensamiento de “derecha”. 

Encerradxs en sus casas, lxs ciudadanxs polacxs inventaron modos de resistencia. Las mujeres organizaron protestas en forma de cola de supermercado en el centro de varias ciudades. Lxs artistas y activistas realizaron una remake de la performance del artista y director de teatro Tadeusz Kantor de 1967, que consistió en el traslado de una carta gigante por siete carteros profesionales desde la oficina de correo hacia la galería Foksal, en el centro de Varsovia. La carta de mayo de 2020, de 14 metros de largo, fue trasladada desde la Oficina Principal de Correos al Parlamento como acto de protesta contra la organización de las elecciones presidenciales por correo. El sobre enorme contenía el eslogan «VIVIR, NO MORIR. Destinatario: Parlamento de la República de Polonia. Remitente: Soberano». Lxs artistas que intentaron entregar la carta a lxs diputadxs en un gesto de reclamo y de solidaridad con lxs mayores y lxs de salud más débil fueron paradxs por la policía y castigadxs con una multa de 10.000 złoty cada unx (cerca de 175.000 pesos argentinos), lo que equivale a dos sueldos promedio en Polonia. 

El gobierno ofrece un espectáculo amargo de lo absurdo. Sentimos impotencia frente a la máquina estatal que se pone contra lxs ciudadanxs. La sensación de que nuestros derechos disminuyen en nombre de “combatir” la pandemia se propaga más rápidamente que el virus. Después del asesinato de George Floyd en EE.UU, unos doscientos cuerpos acostados y vestidos de negro ocuparon el espacio de la plaza pública más representativa de mi ciudad, Poznań, en un gesto de protesta espontánea. La policía de civil supervisó la acción. Luego le pidió los datos a lxs manifestantes más activxs.

En los medios oficialistas se difunde el éxito del partido gobernante en su lucha contra la proliferación de la pandemia. En los medios de oposición se denuncia la corrupción del Ministro de Salud, cuyo hermano medió en la compra de millones de máscaras que no solo fueron más caras que el precio promedio en el mercado internacional sino que tampoco cumplen con las normas especificadas por los hospitales. Nos sentimos pisoteadxs. Nos gustaría ocuparnos tranquilamente de la salud y del cuidado de nuestras familias. Dejar de sentir esta inquietud creciente de que el mundo será todavía peor y que, en unos meses, vamos a despertar en un Estado Único: un paraíso terrestre sin polarizaciones, en una armonía cristalina del pensamiento homogeneizado, translúcido, consolidado y sin esperanza. 

 

Katarzyna Cytlak es historiadora de arte polaca. Sus investigaciones se centran en las redes alternativas entre artistas y en las creaciones artísticas de Europa Central y América Latina en la segunda mitad del siglo XX. Estudia arte conceptual y político, arquitectura radical y utópica y teoría del arte en relación con los países postsocialistas desde perspectivas transmodernas y transnacionales. Se doctoró en Historia del arte en la Universidad Paris 1 Panthéon-Sorbonne. Fue becaria posdoctoral del CONICET (2015-2017), con la sede el el CEMECH - Centro de los Estudios de las Mundos Eslavos y Chinos de la Universidad Nacional de San Martín, y docente en 2018  en la Escuela de Humanidades de esa misma Universidad.