lenguajes y resistencias migrantes

25 Jul 2018

Tamara reflexionó sobre la muestra “Senegal en Argentina” de Guillermo España. Además de reseñarla, fue una buena oportunidad para contar acerca de la vida de los senegaleses migrantes en la ciudad que ella conoce de cerca.  

 

 

Guillermo España nació en Rosario, aunque en los últimos tiempos vivió en Ámsterdam –donde se compró su primera cámara– y después de eso llegó a La Plata. Tiene 32 años y en 2017 se graduó de la Licenciatura en Sociología por la UNLP. Durante 2012 él, Bárbara y yo nos conocimos en las primeras cursadas de la carrera y fundamos un espacio: Clases de español para senegalesxs. Usando nuestros conocimientos como hablantes nativos de español, nos esforzamos por armar una propuesta que pudiese ser útil a lxs migrantes, a sus necesidades y realidades cotidianas. Luego de seis años de transitar estos vínculos, el pasado 6 de julio se inauguró en el Taller del Caleidoscopio, en La Plata, la muestra “Senegal en Argentina”, con fotografías que Guille fue tomando en este tiempo.

Las imágenes representan una parte de lo que nosotrxs vivenciamos y pudimos conocer en el contacto diario con los miembros del colectivo migrante. Son retratos de un vínculo establecido y su intención es mostrar la amplitud de ámbitos en la que viven y conviven estas personas. Un poco discutiéndole al sentido común que les relaciona de inmediato con la calle, el centro, la venta. No vamos a negar que eso es gran parte de su vida y su realidad, pero no lo es todo.

El día anterior a la inauguración, Guille me dijo que quería cambiar algunas de las fotos por otras, colgar nuevas imágenes que no habían sido mostradas aún. Hicimos la selección, discutimos sobre cuáles cambiar y por qué, pero mantuvimos una idea: contar la historia que no se ve en la calle. Entonces, la muestra trata de lo que hacen estxs migrantes con su tiempo libre y en sus espacios de dispersión. Expone que también se divierten, se organizan, disfrutan de sus costumbres, las mantienen o las adaptan dependiendo de las posibilidades. Varias fotos están tomadas durante prácticas religiosas. Cabe aclarar en primerísimo lugar que Senegal es un país fuertemente religioso. Se practica el islamismo con ciertas adaptaciones vinculadas a las tradiciones autóctonas africanas, prácticas previas a la colonización árabe que fue la que impuso el Islam a las mayorías.

En la muestra se pueden ver imágenes de las dahiras, reuniones semanales donde se juntan a rezar, a discutir temas de interés general, alguna duda personal, etc. En Argentina, es común que las dahiras se desarrollen en alguna casa donde viven varixs senegalesxs juntxs. Esta instancia es utilizada para organizarse cuando hay que resolver algo que le atañe al grupo, y se trata de una estrategia fundamental para el desarrollo de las diversas rutas migratorias que recorren lxs miembrxs de este colectivo. Migrar es más sencillo si sabemos que, al llegar, nos encontraremos con conocidos que nos guiarán al menos en principio, facilitándonos información sobre vivienda, trabajo y otras cuestiones básicas.

El hecho de llegar a un país nuevo, en muchos casos sin conocer el idioma, puede ser bastante shockeante y conlleva un tiempo de adaptación. Contar con estructuras similares a las que ya se conocen puede ser aliviante y una forma de mantener un contacto activo con la sociedad de origen y sus tradiciones. Discutir en Wolof –la lengua más hablada en Senegal– acerca de noticias sobre la política y economía de su país o sobre cuestiones religiosas, es un modo de mantener los lazos y de sentirse acompañadxs en un ambiente desconocido.

Otro espacio que demuestra lo fundamental de la religión para lxs senegalesxs es el de las fiestas religiosas. Guille tomó fotos en el Magal, donde se celebra el exilio del Cheikh. Vemos a varios chicos cantando mientras caminan en círculo. En realidad no cantan, sino que recitan pasajes del Corán como parte de las prácticas de su credo y es una actividad que suele hacerse de forma grupal. Las fiestas religiosas marcan el calendario del año musulmán y hay ciertas celebraciones más importantes que otras, el Magal es una de las principales. Algunos ritos se trasladan a los países de emigración donde el grupo ha logrado consolidarse al menos de forma básica.

Estos festejos conllevan grandes preparativos, ya que no solo está invitada toda la comunidad migrante sino también lxs amigxs argentinxs y de otras nacionalidades que residen en la ciudad. En muchos casos se invita a aquellxs con quienes se generan vínculos a partir de compartir espacios de trabajo: la calle, las ferias, las obras de construcción. El evento comienza temprano en la mañana y se prolonga hasta la noche. A lo largo del día, la gente transita por el salón alquilado especialmente para la ocasión, se degustan comidas típicas en abundancia, se reparten frutas, café y gaseosas. Lxs anfitrionxs se dividen las tareas para que la organización resulte óptima y, durante el transcurso del festejo, se acercan a lxs invitadxs dispuestos en mesas ofreciendo alimentos, bebidas, charlando de muchas cosas y riendo. Quienes asistimos a estas fiestas podemos comprender un poco más de las costumbres de nuestrxs amigxs senegalesxs viéndolos practicar sus tradiciones y formando parte de ellas.

Es usual que en un momento de la tarde se abra un espacio de debate, donde se intenta discutir principalmente con la visión hegemónica que estigmatiza a los musulmanes como terroristas y criminales. Es evidente el peso de este estereotipo, ya que suele ser uno de los puntos a refutar a través de distintos argumentos, exponiendo que ellos son buenas personas, que solo buscan trabajar y que desean una vida tranquila y en convivencia con el resto de las personas y creencias.

De esta misma celebración, el Magal, sale otra de las fotos que vemos en la muestra. Ahí está Mustafá con su jerewolof, una túnica de colores que se acostumbra usar para las actividades litúrgicas: desde los rezos diarios en la casa hasta las fiestas grandes en un salón requieren el uso de esta prenda, aunque a veces algunos no siguen al pie de la letra la regla. Mustafá está de pie y señala a una persona en un banner. Es el Cheikh Ahmadou Bamba, uno de los principales personajes de la escena política y religiosa senegalesa del último siglo, reconocido por haber fundado una cofradía al interior del Islam, la mouridiyya. El Cheikh dedicó su vida a predicar las enseñanzas del Corán y en un contexto de dominación imperial francesa, esto se constituyó como un acto de desobediencia. Logró el apoyo de las masas convirtiéndose en una figura popular, fundando un extenso movimiento que se prolongó tras su muerte en 1927. Existen diversas historias del Cheikh logrando burlar las trampas de las autoridades francesas que intentaban atraparlo o matarlo, consagrándose como una figura mística en la región. Los practicantes del mouridismo son mayoría en Senegal y también son los principales emigrantes, llevando con ellos esta historia de resistencias, (des)colonialismo y fuerte religiosidad.

Si bien este escrito no será suficiente para una aproximación a las distintas situaciones que reflejan las fotos, hay una que quiero mencionar especialmente: las clases de español. Nuestra inquietud nació a mediados de 2012 cuando, al igual que en estos momentos, se produjo una escalada represiva hacia los vendedores ambulantes. Eran cotidianas las noticias de hechos de discriminación y violencia institucional hacia lxs migrantes senegalesxs, y esto visibilizó su situación ante nosotrxs. Entendemos al idioma como un derecho fundamental, una herramienta a partir de la cual puede exigirse el cumplimiento de otras garantías. A partir de esta concepción, consideramos que el hecho de no contar con ese instrumento les posicionaba en una situación de extrema vulnerabilidad.

Cuando empezamos con esta idea, pedimos un aula en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. Nos la concedieron sin muchos problemas pero dos años más tarde, cuando fue trasladada al bosque perdiendo su ubicación céntrica, decidimos que sería mejor mantenernos en la zona y nos mudamos a la Facultad de Ciencias Jurídicas en 7 y 48. La elección del espacio físico para las clases pasó por mantener la ubicación accesible para todxs y por el hecho de que no nos cobraban por su uso.

La planificación de estos encuentros fue un aprendizaje, considerando que en la mayoría de los casos no compartíamos ningún idioma con lxs chicxs que asistían. Además, gran parte de lxs migrantes senegalesxs fueron escolarizados casi exclusivamente en árabe. Este idioma cuenta con un alfabeto totalmente distinto al que usamos en occidente y se escribe de derecha a izquierda. Son unxs pocxs quienes accedieron a una trayectoria educativa que les proveyera del francés, lengua con la que el español tiene más puntos en común. Teniendo en cuenta estas características, fue todo un desafío diseñar ejercicios exitosos para el aprendizaje de objetivos comunicativos. Al conocerles más, semana a semana, descubrimos sus intereses, sus personalidades, sus historias y esto facilitó la creación de estrategias para lograr actividades más atinadas.

Tamara Paganini. Nací en Haedo, Buenos Aires, aunque las reiteradas mudanzas y viajes en mi vida me impiden identificarme demasiado con ese lugar. Actualmente resido en La Plata y estoy por recibirme de la Licenciatura en Sociología. Desde el primer año de ingreso a la carrera formo parte de un proyecto en el que, con mis compañerxs Bárbara y Guillermo, damos clases de español a migrantes senegaleses.

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