juntas frente a la inquisición cultural

10 Mar 2018

El #8M recorre el mundo y ahí vamos. Siguiendo la estela del paro más grande del mundo decidimos contactarnos con amigues viajeres, residentes y habitantes en distintas latitudes para hacer públicas sus experiencias. Guillermina, desde San José, Costa Rica, nos ofrece una crónica sobre la trascendencia que tiene actualmente el movimiento de mujeres en las luchas democráticas en ese país.

 

Mientras en el árbol que sobrepasa mi casa suena un pájaro carpintero, reflejo de esta verde Costa Rica en la que vivo entre idas y vueltas hace ya 6 años, tomo mate y acepto la hermosa invitación de boba. Atravieso un tiempo que no se traduce solo en mí, sino que nos atraviesa a todas las mujeres del siglo XXI: el empoderarnos, el ir tras nuestros sueños, el ubicar nuestros qués para que los cómos lleguen solos.

Está difícil la mano: vivimos en un mundo que está obstinado en desaparecernos y minimizarnos, sin embargo –y sin embargo– aún tenemos que defendernos frente a muchos y muchas explicando por qué luchamos por lo que luchamos. En fin. Ya saben de esto.

Costa Rica no está exenta de nada de eso. Es más, “el país más feliz del mundo” oculta una cara bastante dark en el fondo, que se va reflejando en la superficie del discurso, en la calle y en los medios. Nos encontramos en un marco muy complejo: el 1 de abril será el ballotage entre dos presidentes que representan, por un lado, a la vieja Costa Rica (un mundo feudal personificado por Fabricio Alvarado, candidato del Partido Renovación Nacional) y, por otro lado, a una Costa Rica más moderna, de emprendedores, profesionales y libre pensantes que no dejan de ser de tendencia centro derecha (encabezada por el actual presidente, cuya gestión se encuentra involucrada en un caso de corrupción llamado “el Cementazo”, y con el candidato Carlos Alvarado, del Partido Acción Ciudadana). En el escenario actual, es preferible la segunda opción, claro está.

Previo a las primeras elecciones, el gobierno actual siguió la orden de la  Corte Interamericana de los Derechos Humanos de aprobar el matrimonio igualitario. Mientras muchos de nosotros festejábamos y ya organizábamos bodas igualitarias por doquier, la jugada salió en contra: miles de personas se opusieron y se congregaron detrás del ala del candidato evangélico Fabricio Alvarado –pastor, periodista “sin títulos” y director de una iglesia evangélica– bajo el reclamo de “volver a lo tradicional” y otras palabras salidas del discurso que opone “lo de Dios” y “lo desviado”. La iglesia católica, obviamente, dijo presente a pesar de que su autoridad máxima –el Papa Francisco– tiene un discurso más inclusivo en ese sentido. El candidato de Renovación quiere enfocarse en la “familia tradicional” y pide “restaurar a los homosexuales” y devolver a las mujeres a un “rol fundamental” desde la casa. Además, en temas económicos y culturales hace agua, por no decir océano.

La marcha del jueves 8 de marzo se dio en ese contexto y los medios, por supuesto, no la cubrieron. El reclamo se unificó bajo las consignas de “Ni una menos”, “sí al aborto legal, seguro y gratuito” y “sí al matrimonio igualitario”, sumando también la necesidad de decir “NO a Fabricio Alvarado”. En un país de más de 4 millones de habitantes, fuimos muchas personas las que acudimos, un hecho histórico en un país en el que todo es tan “pura vida” que no se acostumbra a salir a protestar de forma corriente por los derechos colectivos, aunque sean vapuleados de forma constante y silenciosa. Pero no sé si fuimos o somos suficientes para combatir el odio y el avance de una “inquisición cultural” que parece avecinarse. Ojalá que sí.

A pesar de todo, en cada manifestación siempre se ve más gente: niños y niñas con sus padres o madres, jóvenes presurosos por salir a decir que no se puede volver al pasado, que es necesario avanzar. Porque el mundo así lo hace y nos tenemos que ir acercando a uno donde quepamos todas y todos por igual.

 

Imagen de portada: Ivannia Alvarado Q. publicada en Ni una menos Costa Rica. El resto de las imágenes pertenecen a Ivannia Alvarado Q., Asociación Ciudadana Acceder y Nicole León Zumbado.

Guillermina Watkins de Neuquén (Argentina) y Costa Rica. Periodista, redactora publicitaria y practicante de ashtanga yoga. Vegetariana y amante de los viajes y los perros.

 

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