fantasmear

14 Sep 2018

El 1° de septiembre inauguró un nuevo espacio en el barrio Hipódromo de La Plata: Cariño galería. Abrió sus puertas con Orgía de fantasmas, una muestra de Martha de la Gente con curaduría de Paola Mattos. En la barra nos cruzamos con Mario Gaitán, que estaba asistiendo con la gastronomía de la noche. Acá, su mirada sobre el evento, entre fantasmas, caballerizas y calles espectrales.

 

El cuerpo habla. Los fantasmas nos dicen de todo. Nos putean. Nos tratan de seducir y nos advierten. ¡Llegan los fantasmas! De cuerpas presentes se forma la noche. Llegan desde distintos puntos de una ciudad sitiada, llena de hastío. A un barrio de caballerizas y yeguas. Hipocampos. Esto es una diagonal espectral. Como decía Symns, una de esas cortadas de La Plata, en las que uno ingresa y no sabe no solo por dónde si no cómo va a salir. Transformada. Trasvestida. Hecha un trapo. Una sábana con dos cuencas en lugar de ojos. Un espíritu punk. Una fantasía. Cariño está emplazada acá, en este momento de la histeria en el que volvimos al fin de la historia. Y necesitamos Cariño. Música ruidosa para la ruina moral de un país en la hoguera. El esperpento de una ciudad decadente. Perlas, lazos, batas. Las pertenencias de una abuela muerta. ¡Envolveme en esa toalla, enmarcame en las reliquias de la muerte, Martha! Que ya vienen lxs deseosxs, lxs hambrientxs, lxs espectros que solo ven otrxs espectros. Invaden un barrio sin glamour, con la pura dignidad del tiempo. Es increíble lo que estamos logrando juntxs, ¿no? Nos podemos encariñar cerca. Podemos comer y beber a mansalva, pero no saciarnos, porque nunca basta. Podemos llegar en patineta, en una carroza de calabaza tirada por caballas de fuegah, como Martha (no la vi, pero me dijeron que así fue) con una torta de fantasma de pacman que sacrificamos y comemos con la mano; podemos devorar las burritas de Laureano, las birritas de la China, los vinitos de Esteban. Todxs extasiadxs en un pogo ectoplasmático propiciado por Morita desde un teléfono. Los cadáveres descansan en las mesas de la vereda como lingotes cilíndricos color oro, vaciados de pasión. Han sido bebidos. Hemos vivido. No nos han vencido. Como Winona cuando le dice a Gary Oldman en Drácula: “Alejame, alejame de toda esta muerte”. Llevame contigo. Dame tu reino. Cuando Martha nos invita a una orgía nos vestimos de vivos, pero somos fantasmas. Es un combo, hay de todo, lesbianas vaskas, transvianas vampirxs, catedráticas, Nancy, la vecina en deshabillé con un ramo de flores carnívoras, estudiantes malas, amigas de otras vidas, enemigas íntimas. Todo sale de los marcos. Las obras flotan. Los iniciados inundan las calles en busca de más convidados. Nadie se queda en su sitio. No hay lugar. Hay Cariño. Vamos a hacernos mimos. Tu guitarra no me asusta, mejor agarrá la fusta y ¡pegame! Que soy un fantasma. Que soy una sábana. Soy una luz negra que te hace brillar. Soy tu Madonna buscando desesperadamente a Susan. Esto es un show y es un sueño. Después de todo nos conocimos dormidos y nos despertamos juntos en una ciudad medio muerta, entre máscaras medio vivas, con la imagen de un video eterno de una amistad a prueba de balas de plata, de estacas en el pecho manchadas de sangre azul. Hemos despegado desde tantas pistas. Bailado en cordones de veredas haciendo equilibrio entre esta vida y aquella. Nos hemos aburrido en vernissages por comodidad, sin necesidad, porque estábamos hambrientas y el arte nunca da de comer a las mostras que lo alimentan. Hemos recogido migajas, hemos sido humilladas, estrelladas, puestas arriba, en los círculos del infierno. Hemos sido la comidilla. Hemos desbordado anillos de fuego y enfrentado los retos con valor. Hemos sido cobardes. Lobas con piel de corderas. Hemos sido exorcizadas y sucumbimos a la posesión. Se pregunta Patti Smith: “¿Qué podemos hacer con los impulsos resultantes, esas terminaciones nerviosas que titilan como un mapa iluminado de constelaciones arrebatadoras? Las estrellas palpitan. La musa anhela ser vivificada.” Hemos sido curadas, pero no sanadas. Hemos visto la luz y salimos. 

 

Mario Gaitán. Periodista. Me dedico a la Comunicación. Me gusta escribir, escuchar música y leer, sobre todo. Edité “Los Poemas Ilegales (y dos o tres canciones de amor)” por Editorial La Línea del Fracaso en Valencia, España, en 2002; “Crítico de Rock” (independiente) en Buenos Aires, en 2004. Otras cosas y “Santi” por Ediciones Cariño en La Plata, en 2018.

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