el eterno dilema de las disciplinas

15 Feb 2017

Pero… ¿qué piensa de todo esto alguien que estudia arte?
De chica soñaba con ser artista ¿Y cómo se aprende a ser artista?
….
….
-boba pensando-
…..
¡Ah! es al revés, ¡hay que darlo vuelta!
La pregunta a los que se forman antes que a los formadores.
¡Debe haber recorridos muy distintos!
Les voy a preguntar a estudiantes-artistas o artistas-estudiantes, bueno en realidad, a Mariel y a Magda!


Mariel Uncal Scotti

Alejarse de la perfección técnica como fin último

Empecé  a cursar la carrera de Artes Plásticas en la Facultad de Bellas Artes (UNLP), y el taller de clínica de obra de Leonel Pinola e Irene Ripa Alsina el mismo año.

En el taller, me ayudaron a palpar el desarrollo de mi obra, que en ese momento creía inexistente.  Enfocarme en mis referentes, en el perfil de artista que pretendo ser, en lo que busco y no busco a través de mi producción, fueron y son reflexiones esenciales en mi formación artística.

Igualmente, la facultad es un espacio necesario en este camino. La reflexión teórica, el conocimiento de la historia del arte, el pensar nuestra disciplina como profesión, generan cuestionamientos necesarios que, a mi entender, descuida la persona que busca formarse de manera aislada. La obra surge del diálogo con la historia: desconocerla es desconocer el aquí y ahora de la propia creación. Negarle su contexto es empobrecerla.

En la facultad encontramos cada vez más miradas que podrían llamarse contemporáneas. Sin embargo, contiene aún cátedras en las cuales la reflexión sobre la producción de los alumnos no tiene lugar, o bien existe en una relación cerrada entre el profesor y el alumno, dejando de lado la mirada de los propios compañeros. Ese intercambio necesario me aporta el taller de clínica de obra, y es lo que anhelo que crezca en el espacio de la Facultad de Bellas Artes.

Hoy estoy en el último año de la carrera y continúo yendo al taller de Clínica de obra, además de haber transitado por otros espacios de producción que me sirvieron para profundizar el uso de técnicas y materiales. No creo que la facultad tenga que aportar todo: todas las teorías, todos los procedimientos, todas las herramientas; además de imposible, lo veo innecesario. Por el contrario, considero que debe tener en cuenta las alternativas que los alumnos propongan y acompañarlos en las decisiones que éstos vean acordes para su obra, aportándoles las herramientas que puedan necesitar. Vale la pena incrementar los espacios de intercambio, debate y reflexión, y alejarse de una vez por todas de la búsqueda de la perfección técnica, como fin último.

De cualquier manera, la experiencia personal me lleva a pensar que, por mejor que sea la facultad a la que se asista, siempre se debe complementar la formación asistiendo a otros espacios, porque los diferentes contextos brindan diferentes miradas, reflexiones, relaciones y aportes, que enriquecen y nutren a la obra como producto y productor social.


María Magdalena Monsalve

Una bocanada de aire fresco

Comencé mis estudios en la Licenciatura en Artes Visuales (UNA) en 2008. Mis intenciones a la hora de apostar por una educación artística formal se dirigían a satisfacer mis ansias de incorporar aspectos técnicos y de oficio, sin descuidar los contenidos de tipo teórico. Durante los primeros años de cursada me propuse tomar las horas de taller de cada una de las disciplinas. Sentía que me iban a brindar herramientas que más adelante necesitaría. En esta primera etapa, decididamente formativa, es que comienzan a despuntar mis propios intereses e inquietudes: un autodescubrimiento gradual.

En el año 2012 comienzo a cursar Proyectual de Pintura, materia que brinda un espacio necesario para desarrollar la mirada propia, en pos de producir obra: en esta instancia de la carrera, es uno mismo quien propone contenidos y los acciona. Mi primera sensación ante este panorama de inmensa libertad, fue la de vacío. Yo era la única encargada de llenar ese vacío o, al menos, de encontrarle un sentido. ¿Por dónde empezar? El proceso de autodescubrimiento se intensificó. Las preguntas se hicieron cada vez más complejas, pero necesarias: ¿Por qué hago arte? ¿Qué es lo que quiero decir? ¿Cuál es el lenguaje más adecuado para ello?

Por otro lado, el formar parte del estudiantado de una universidad pública me obligó a no perder de eje el sentido de lo comunitario y lo colectivo, e incluso me sirvió para ratificar la decidida función social y política del arte. Estar inmersa en una institución educativa formal me brinda la posibilidad de conocer de cerca cuáles son los modos de ver y de pensar las prácticas artísticas contemporáneas de docentes y estudiantes de arte. Es decir, el modo de ver y de pensar de aquellas personas a quienes no les interesa entender al arte como un campo autónomo sino que, por el contrario, se focalizan en su función pedagógica, en su posibilidad transformadora y expansiva del conocimiento.

Actualmente, me encuentro transitando el tramo final de la carrera. En lo que a mi producción actual se refiere, estoy intentando indagar en la incorporación de otras disciplinas: como siempre estuve focalizada en el dibujo y a la pintura, decidí explorar la tridimensionalidad. Comencé a sumergirme en la cerámica hace muy poco, los pasos que voy dando me tienen entusiasmada y se siente como una bocanada de aire fresco. ¿Llenaré algún día ese vacío que me generó, paradójicamente, el saberme tan libre? No lo sé. Por lo pronto, aprendo a conocer el vacío. Aprendo a ser parte de él. Sé que nos terminaremos transformando mutuamente.

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