alta fidelidad

18 Jul 2019

Entre studs, gritos de apuestas y una noche helada, Mati López se dio a la aventura de ver qué pasaba ese viernes en Barrio Hipódromo. Hacía demasiado frío para ir a las carreras por lo que corrió hacia Cariño que, a sala llena y al calor de les amigues, inauguró la muestra de Mariel Uncal Scotti.

La aplicación del clima marca 5 grados de temperatura a las 8 PM. Pero en esta tarde-noche se sale igual en La Plata. La salida elegida y para mí también siempre etnográfica nos localiza en la galería Cariño, en barrio Hipódromo, donde se inaugura Copia fiel, muestra de Mariel Uncal Scotti, artista local que habitó gran parte de su vida ese territorio particular de la ciudad lleno de studs y caballos que copan las calles por la mañana. 

Voy sin saber de qué va la muestra. Ni bien entro al lugar me cuesta encontrar las obras ya que casi no hay nada colgado en las paredes. Me procuro, como gesto archivista, una copia del texto de Sergio Pujol que acompaña la exposición. La búsqueda se dificulta porque en el lugar hay mucha gente, varias conversaciones en simultáneo y bullicio. ¿Quizás esta escena de amontonamiento corporal sea también parte de la propuesta de Mariel? No lo sé. Sí puedo decir que se trata de una dinámica habitual en las muestras que se hacen en nuestra ciudad. Nos amontonamos y, por unos instantes, somos un organismo colectivo que habita un lugar. Aquí también nos damos calor. Cariño es uno de esos ¿pocos? espacios donde vibra parte importante de la escena artística local, galería de arte y punto de encuentro crucial para conocer las circulaciones y las estéticas platenses, principalmente las de las artes visuales y de la poesía. Allí, en el tumulto de camperas, entre pedidos de permiso y charlas, encuentro las copias fieles que anunciaba la vidriera del lugar. 

La mayoría de las obras están en el piso y apoyadas sobre las paredes, por lo que hay que acercarse para poder observarlas. Otras son objetos presentados sobre un mueble de la galería. Allí reconozco imágenes de personajes archiconocidos de la cultura visual y televisiva –Mickey, Donald, Clemente, Homero y Lisa Simpson así como figuras genéricas que están incrustadas en las memorias: personificaciones de panchos, teléfonos, choclos, muelas, un chanchito futbolero, una gallina con su canasta de huevos, un pingüino con helado. Son figuras de la cultura popular y urbana que no tienen, ni en sus emplazamientos urbanos cotidianos ni dentro de esta muestra, ninguna pretensión de perfección técnica y estilística y quizá signifiquen también, para la propia artista, una forma de desaprender lo aprendido en la formación artística. La propuesta de presentación de las obras me traslada-ubica en un local barrial que hace y vende carteles callejeros para posibles comercios de la zona: heladería, pollajería, almacén de productos de campo, kiosco, calesita de plaza. Cartelería y gráfica popular para el barrio. Combinación de marcos de madera, chapa de zinc y esmalte sintético. Carteles pintados a mano por colgar. Objetos-figuras colorinches y personificados que podrían estar colocados en cualquier comercio o cuadra del barrio Hipódromo.

En esa actividad de entretejer cultura popular y obra-proyecto artístico, Mariel Uncal Scotti realiza una operación similar a la de los/as feriantes que truchan ropa de marca: producen copias, más o menos fieles, en las que no sólo se imitan sino que también se recrean las marcas originales. En la copia se “hace marca”, se produce invento que remite a algo conocido. En la copia no interesan las patentes ni el copyright y, por todo esto, tiene un plus: es más que copia fiel. Se trata, en suma, de una operación que continuamente realizan las culturas populares en la producción simbólica: conectar sensibilidades, experiencias locales y prácticas cotidianas con la cultura de masas que circula mediática e imaginariamente. Esa de la cual apropiarse, para re-inventar y re-imaginar el barrio y el presente. Mientras salgo de la muestra siento ganas de llevarme, sin avisar, uno de esos carteles para colgar en el frente de mi casa.

 

 

Matías David López. Se dedica a la docencia y la investigación en la UNLP. Por un tiempo más tiene una beca posdoctoral del Conicet para indagar sobre la escena local de las artes visuales. Le gusta andar por la ciudad y recorrer lugares. De ahí que muchas veces es parte de / activa / gestiona / impulsa alguna movida colectiva. Integra el colectivo editor de boba.